martes, 29 de diciembre de 2009

Atardeceres


Siempre que miro el mar en Uruguay, me acuerdo del querido Jorge Luis Borges (del que siempre me emocionaron su poesía y sus historias de compadritos y no tanto sus ficciones eruditas), y de su Otro Poema de los dones, que dice así (en este maravilloso poema, Borges enumera todas las cosas, grandes y pequeñas por las que quiere dar gracias a Dios. Es bastante largo, así que voy a hacer una edición a piaccere, para compartirlo con ustedes):

Gracias quiero dar al Divino, laberinto de los efectos y de las causas,
por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo.
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por Schopenhauer, que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego,
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa, que prodiga color y que no lo ve,
Por los duros troperos que en la llanura arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó mil noches y una noche,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos,

Por el épico invierno,
Por las rayas del tigre,
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
Por el geométrico y bizarro
ajedrez,
Por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede
simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre, que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su
astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines, o en una vieja espada,
Por
Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con
la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte, esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.
Nota: Frances Haslam era la abuela paterna de Borges.
Con palabras tan simples se pueden decir cosas tan grandes... Lo vuelvo a leer y me sigo emocionando.
Photo Credits: Silvina Bidabehere para Decortherapia

4 comentarios:

Vintage Aurora dijo...

Qué magnífico post!!!

Eugenia210 dijo...

¡¡¡Gracias por compartirlo!!!!...no lo había leído antes.......has logrado transmitirme tu sensación.
¡¡Saludos desde Rosario!!

Julieta GB dijo...

Gracias Silvina! Amo Uruguay, todo. Hermosa foto :)
Es hermoso, nunca lo había leído, hace pensar en lo hermoso que es vivir.
Saludos,
Julieta GB

Mar dijo...

Lindísimo poema!, me encantó volver a leerlo, siempre emociona, me alegro que hayas pasado tan lindas vacaciones.