lunes, 19 de agosto de 2013

La Casa de Ana


Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.

Conocí a Ana cuando teníamos 15 años por una amiga muy querida que tenemos en común. A partir de ese momento nos fuimos encontrando a lo largo de nuestras vidas, siempre con muchísimo cariño y como si el tiempo no hubiese pasado. Cuando me mudé a Tigre, mi amiga insistía: "Tenés que conocer la casa de Ana!" y así llegué a esta suerte de paraíso que parece sacado de un cuento, porque es como cruzar un umbral hacia otra dimensión. 
 Hicimos las fotos un día de verano que fue intenso, de esos donde el sol por momentos se torna agobiante, y los chicos entraban y salían de la pileta. Ellos, fascinados con la idea de ayudarnos y participar de cada foto. Aquellos que conocen a Ana sabrán lo difícil que fue para ella aceptar que la retratemos, porque su timidez es tan intensa como su sonrisa. Nos reímos mucho, muchísimo en cada toma. Fue casi imposible evitar que se tentara cada vez. Pero a nosotros sólo nos bastaba que sonriera, sólo con eso cautivaría al más distraído lector y así serían capaces de vislumbrar esa alegría y sencillez que desbordan y un empuje que la llevó a animarse a vivir con su familia esta casa tan antigua y con tanto por hacer.
Cada ambiente, cada rincón, está invadido de gestos que delatan esa fascinación por rescatar lo bello en cada objeto. Quizás por eso formó dupla con su hermana, la artista Consuelo Vidal, y juntas crearon Las Vidalas, un emprendimiento que se dedica a restaurar muebles y objetos e intervenirlos de manera fascinante con motivos en donde abundan las flores campestres y los pájaros del Delta.
La nota salió en el último número de Revista Living (allí podrán ver más fotos y toda la historia de esta casa) donde tuve la suerte hacer equipo con Santiago Ciuffo, fotógrafo que conozco desde mi primeros días en la revista y con que siempre es gratísimo trabajar. 
En este post encontrarán algunas imágenes del detrás de escena, otras que salieron publicadas y me gustaron particularmente y un par que no quedaron en la edición final.  Espero que lo disfruten y que los inspire tanto como a mí. ¡Muy buena semana!

Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Esta es una de las tomas que más me gusta (una lástima que no quedó seleccionada en la edición final). Me cautiva la mirada del hijo menor de Ana desde el otro cuarto. Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Cada estante, cada pared, están poblados de un mar de objetos queridos que van desde cuadros familiares hasta abanicos; platos de porcelana antigua o enlozados. Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Ana tiene devoción por los enlozados que colecciona hace tiempo y los expone en su cocina para disfrutarlos en todo momento. Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Una cabacera de cama transformada por Las Vidalas. Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Foto: Santiago Ciuffo para Revista Living.
Uno de los chicos ayudandonos con la producción! Foto: Paula Schilling para Decortherapia.
Foto: Paula Schilling para Decortherapia.
Un poquito de orden para que todo se vea bien en la foto! Foto: Paula Schilling para Decortherapia.
Ana en su taller mostrándonos su trabajo. Foto: Paula Schilling para Decortherapia.
Santiago esperando pacientemente que termine de arreglar las hojas verdes. Es que estaba fascinada con cómo la luz sobre las hojas y quería lograr que en la foto se apreciara ese detalle que tanto me fascinaba! Foto: Paula Schilling para Decortherapia.

jueves, 15 de agosto de 2013

Ecohabs en Parque Tayrona, Colombia

Amanece en Parque Tayrona. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.

Mucho nos habían recomendado los Ecohabs del Parque Tayrona en Santa Marta, una de las reservas naturales más importantes de Colombia. Así que cuando te recomiendan tanto un lugar (lo mismo pasa con las películas) es tanta la ilusión que genera, que usualmente tienden a decepcionarte. Esto no fue el caso de este lugar. Llegamos a media tarde, después de un expedición a pie por la selva en la zona de Don Diego y fue como llegar a esos paraísos que sólo se ven en las películas. Nos recibieron con un batido de coco helado y cuando nos acompañaron a nuestras cabañas -literalmente- nos pellizcábamos! Una cabaña para cada pareja y un atardecer sobre el mar que me quedó grabado en la retina para siempre.
Si tienen la oportunidad de visitar Colombia, les recomiendo insistentemente que pasen una noche en este lugar.
Las cabañas son soñadas, perfectas y la playa está a sólo pasos. En una de ellas (son dos) hay servicio de bar con riquísimos tragos. Mi preferido: el ron con maracuyá o mango.
Algunas de estas fotos fueron sacadas al amanecer porque con el lío de horarios que tenía, me desperté antes de que salga el sol y de tanta emoción no podía dormir, así que salí con mi cámara (sí, soy un aparato total). Acá comparto algunas con ustedes!

La vista del amanecer desde mi cuarto. Sin palabras. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.


Mi amiga Vanya y su marido, Miguel, felices recién llegados a su cabaña. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.

El restaurante del hotel. Aquí comimos por la noche y desayunamos a la mañana. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.
Recién llegada y después de un baño de mar, Vanya no puede dejar de mirar la increíble vista que tiene este lugar.
Atardecer en la playa. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.
Volviendo de la playa, por los senderos que te llevaban a las cabañas.
Chivi recién salida del mar, con el menú listo para pedir algo rico!
Nuestras cabañas. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.
El interior de las cabañas. Esta foto no es mía. Ninguna de las que saqué yo hacían justicia a la belleza de este lugar.
La vista desde mi cabaña. Suspiro de volver a verlo y pensar que yo estuve ahí hace sólo unos días. Ahora parece un sueño. Foto: Silvina Bidabehere para Decortherapia.
Esta foto tampoco es mía pero me fascinó porque se puede apreciar el entorno de este lugar tan fascinante.



jueves, 8 de agosto de 2013

Vaikunta: Sueño racionalista en Santa Marta, Colombia.

 
Santa Marta está ubicado en el Caribe colombiano, junta al mar y  la Sierra Nevada, uno de los picos costeros más altos del mundo. Allí viven María Cristina y Alvaro Diego, nuestros adorables anfitriones colombianos. Llegamos a su casa agotados de un viaje de toda una jornada (con perdida de conexión en el medio) y ansiosos por finalmente empezar nuestros días de vacaciones en Colombia. Cuatro de nosotros viajamos desde Buenos Aires y otros dos desde Miami. El recibimiento no pudo haber sido mejor: tragos en la galería, un baño de piscina y el encuentro con ese aire colombiano caluroso pero fascinante, porque significaba que habíamos dejado atrás el invierno y que ya estábamos en el Caribe; y que nos espeaba una semana de descanso pero también de descubrimiento de nuevos paraísos, día tras día. Nuestros guías de lujo eran Germán, hijo de nuestros anfitriones y Chivi, su mujer y mi gran amiga que partió a vivir a Miami hace varios años, más de los que quisiera (porque cada vez que se va la extraño tanto, y cuando estoy con ella me doy cuenta la falta que me hace).
En esta casa pasé mis primeros días en Colombia y, como verán en estas fotos, me conquistó su jardín tan fascinantemente verde con sus plátanos y cocoteros, cactus inmensos y frangi pangis con ese aroma tan delicioso. La cocina era totalmente abierta y sus galerías con la orientación perfecta para disfrutar de la frescura de las mañanas y el atardecer. 


 Ubicada en las afueras de la ciudad y a pasos de la playa, esta casa fue diseñada por Alvaro Diego con una clara concepción racionalista, donde se privilegian las vistas hacia las sierras y el mar, la orientación de las habitaciones y los espacios comunes frescos y amplios para recibir amigos y familia constantemente. Me quedé deslumbrada con esta casa, pero más aún con la dulzura de sus dueños, que nos agasajaron en cada momento con picadas al borde de la piscina, desayunos y comidas invadidas de sabor local. María Cristina nos deleitó con arroz con coco, pargo frito, patacones, ensaladas de aguacate (como le dicen ellos a la palta), jugos de piña. Una gratísima sorpresa para mi paladar poco conocedor de los placeres culinarios colombianos. 
 Cuenta María Cristina que Vaikunta, el nombre de esta casa, significa "puertas del cielo" en hindú. ¿Qué mejor metáfora puede haber para describir este lugar?

Mi amiga Chivi mostrándome la casa.
Cocoteros.




La cocina de la casa, totalmente abierta.



Damaris y María preparando riquísimas arepas con huevo para el desayuno.


Frangi Pangi inundaban de su exquisita fragancia todo el jardín.



Chivas (así les dicen a estos ómbibus), un clásico colombiano.

Preparandonos para partir en lancha a la playa de Cinto, un edén solitario y alejado en una de las bahías de Santa Marta.

Mi amiga Vanya, feliz con el programa!

La playa de Cinto vista desde la lancha, no podía esperar para probar el mar!
Nota: Este post está dedicado a María Cristina y Álvaro Diego, por habernos abierto las puertas de su casa con tanto cariño y generosidad. Nunca olvidaré los días que pasé con ustedes. Gracias, siempre.

lunes, 29 de julio de 2013

Me escape a Colombia!



Pasaron meses de pensarlo, otro tanto que creímos que era pura ilusión. Después alguien puso una fecha lejana y pasamos de la idea a la organización. Tres amigas, una que vive demasiado lejos, y sus maridos. Seis amigos visitando la casa de uno de ellos en Colombia (donde nos recibieron con esa calidez que emociona nuestros anfitriones de lujo), viajando juntos por este país tan fascinante. Cuánta añoranza en los meses previos... Quizás demasiada. Y ahora estoy acá, mirando a un jardín en Santa Marta, escribiendo este post mientras todos toman una cerveza Aguila y descansan después de un día en una playa remota. La casa es fascinante, un sueno racionalista en plena selva. Ya les mostraré las imágenes y la crónica de los rincones que me dejaron sin aliento. Uno de ellos es el Parque Tayrona y sus Ecohabs, que les muestro en foto de arriba, y donde dormiremos una de estas noches. Pero por ahora me despido, por unos poquitos días, porque sin desconexión total no hay pleno descanso. Ya vuelvo! Gracias por estar ahí.

Este post está dedicado especialmente a mis amigas que no pudieron venir, porque las extrañamos tantísimo. Y a mamá y papá, porque sin su generosidad y su amor sin límites todo esto no hubiera sido posible.